Una "Gran Manzana" en el camino a Seatle
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Escrito en español por
Gradium
Team,
el 11/09/2009 - 10:50.
La “manzana” más famosa del mundo con permiso de Steve Jobs (CEO de apple computers). Justo en el medio de nuestro camino hacia Seatle.
Times Square
Esta vez prometo no haberme dejado llevar por las luces de neón, ni por las de las máquinas de premio. No, no tenía pensado ir a Nueva York, todavía. Mi trabajo de espía apuntaba a un lugar mucho más lluvioso y oscuro. Abierta al océano pácifico (menudo eufemismo) Seatle se erguía bajo la lluvia de miradas curiosas. No era necesario que Kurt Cobain se disparara para intuir que algo se estaba cociendo en aquellas tierras. La Generación X, perdida y sin rumbo había empezado a alzar la voz ante el sistema global, contra el mercado libertino. No es que sea nuevo rechazar los modelos de los padres, eso es algo cíclico, tampoco es nuevo optar por acciones nihilistas y destructivas; lo verdaderamente nuevo es que una panda de “descerebrados” “Grunges”, sin ideas y sin ideologías pudiera estar escribiendo el manifiesto premonitorio del declive del modelo económico de los Chicago Boys.
Un lugar tan convulso como Seatle, justo en el país que adoctrina moralmente a media humanidad, es un excelente comienzo para una buena investigación de mercado.
Los buenos manuales para “coolhunters” dicen que para cazar tendencias emergentes primero hay que localizar a personas “cool”. En el punto de mira tenía a un montón de melenudos con camisas a cuadros y vaqueros raídos venidos a menos, a un mártir de la heroína, a una escritora en contra de los logos y a un hombre absolutamente de negro que venía del otro mundo para vengar la muerte de su novia (curiosamente el último, había sido hijo de Bruce Lee, que también estaba empadronado en Seatle). Algo me decía que esa hoguera estaba totalmente apagada después del 11 de septiembre de 2001. Tenía que verlo con mis propios ojos, el manifiesto contra el devenir económico del planeta tuvo un escenario con mayor luz propia que todos los demás, no debía ser una casualidad.
Conectas con unas cuantas páginas para encontrar un vuelo barato a Seatle y tras contrastar precios, horarios e itinerarios, das con la combinación perfecta. Sólo había un pequeño contratiempo, había escala en NY.
No podía dormir ante la posibilidad de “matar dos pájaros de un tiro”. Visitar la capital del libre comercio y sede de la ONU y al mismo tiempo buscar a esos miembros de la resistencia de Seatle. Madonna desde mi “iPod”, me confesaba que amaba NY sobre París y Londres. Esa misma noche cerré mi pasaje a la “Gran Manzana”.
Todo el mundo sabe mucho de NY, incluso muchísimo. ¿Quién no desearía estar unos meses viviendo allí escudriñando cada rincón?. Amigos de lo Cool se instalan en cuchitriles del Bronx o del Harlem con la única condición de poder conectarse a internet con facilidad. La manzana de la moda es parada obligatoria de bandadas de aves de rapiña de toda índole.
Aterrizas en JFK y ya estás cansado. Bajas del avión y escuchas hablar en español. Tras haber confesado por escrito que no piensas matar al presidente, supones que la entrada al país será coser y cantar. Falso. Hay una cola laaaarrrgaaaaaa y un ventilador bajo la bandera de los EEUU. Huele a sudor hasta que sales al exterior del aeropuerto, donde pasa a oler a gasolina (que no diesel) quemada. Coches teñidos de rubio pollo y limusinas esperan reiterativamente nuevos visitantes (que no inmigrantes). Mientras cruzas Queens empiezas a ver algo tremendamente espectacular en el horizonte. Manhattan.
Manhattan. Solamente nombrarla y uno siente como se le llena la boca, el esófago, el estómago y finalmente el cerebro. No voy a hablar (al menos en este artículo) de todo lo que uno empieza a ver y sentir. A veces es mucho mejor lo que no se dice.
Sin las torres gemelas y con G.B. en el poder, NY buscaba reencontrarse con su afición, quitarse el polvo de encima y recuperar la hegemonía mundial que empezaba a mirar hacia Europa con los ojos melancólicos de quien se reencuentra con su primer amor. Pero NY es como una mujer de tacones altos y rojos que sabe satisfacer todos los sueños, te atrapa y te lo da todo para después quitarte el aliento y hacerte desaparecer en sus entrañas. ¿como unos melenudos de Seatle podrían llegar a cuestionarse las fuerzas que elevaban hasta el infinito las luces de aquella ciudad?
Un lugar tan convulso como Seatle, justo en el país que adoctrina moralmente a media humanidad, es un excelente comienzo para una buena investigación de mercado.
Los buenos manuales para “coolhunters” dicen que para cazar tendencias emergentes primero hay que localizar a personas “cool”. En el punto de mira tenía a un montón de melenudos con camisas a cuadros y vaqueros raídos venidos a menos, a un mártir de la heroína, a una escritora en contra de los logos y a un hombre absolutamente de negro que venía del otro mundo para vengar la muerte de su novia (curiosamente el último, había sido hijo de Bruce Lee, que también estaba empadronado en Seatle). Algo me decía que esa hoguera estaba totalmente apagada después del 11 de septiembre de 2001. Tenía que verlo con mis propios ojos, el manifiesto contra el devenir económico del planeta tuvo un escenario con mayor luz propia que todos los demás, no debía ser una casualidad.
Conectas con unas cuantas páginas para encontrar un vuelo barato a Seatle y tras contrastar precios, horarios e itinerarios, das con la combinación perfecta. Sólo había un pequeño contratiempo, había escala en NY.
No podía dormir ante la posibilidad de “matar dos pájaros de un tiro”. Visitar la capital del libre comercio y sede de la ONU y al mismo tiempo buscar a esos miembros de la resistencia de Seatle. Madonna desde mi “iPod”, me confesaba que amaba NY sobre París y Londres. Esa misma noche cerré mi pasaje a la “Gran Manzana”.
Todo el mundo sabe mucho de NY, incluso muchísimo. ¿Quién no desearía estar unos meses viviendo allí escudriñando cada rincón?. Amigos de lo Cool se instalan en cuchitriles del Bronx o del Harlem con la única condición de poder conectarse a internet con facilidad. La manzana de la moda es parada obligatoria de bandadas de aves de rapiña de toda índole.
Aterrizas en JFK y ya estás cansado. Bajas del avión y escuchas hablar en español. Tras haber confesado por escrito que no piensas matar al presidente, supones que la entrada al país será coser y cantar. Falso. Hay una cola laaaarrrgaaaaaa y un ventilador bajo la bandera de los EEUU. Huele a sudor hasta que sales al exterior del aeropuerto, donde pasa a oler a gasolina (que no diesel) quemada. Coches teñidos de rubio pollo y limusinas esperan reiterativamente nuevos visitantes (que no inmigrantes). Mientras cruzas Queens empiezas a ver algo tremendamente espectacular en el horizonte. Manhattan.
Manhattan. Solamente nombrarla y uno siente como se le llena la boca, el esófago, el estómago y finalmente el cerebro. No voy a hablar (al menos en este artículo) de todo lo que uno empieza a ver y sentir. A veces es mucho mejor lo que no se dice.
Sin las torres gemelas y con G.B. en el poder, NY buscaba reencontrarse con su afición, quitarse el polvo de encima y recuperar la hegemonía mundial que empezaba a mirar hacia Europa con los ojos melancólicos de quien se reencuentra con su primer amor. Pero NY es como una mujer de tacones altos y rojos que sabe satisfacer todos los sueños, te atrapa y te lo da todo para después quitarte el aliento y hacerte desaparecer en sus entrañas. ¿como unos melenudos de Seatle podrían llegar a cuestionarse las fuerzas que elevaban hasta el infinito las luces de aquella ciudad?
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